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Octubre - Enero de 1997 · nº 1

Empleo, trabajo y sindicatos en la nueva economía global
Manuel Castells

Las nuevas tecnologías ni crean ni destruyen empleo: lo transforman, dependiendo de la forma en que se usan en las empresas. Las dos economías más tecnológicamente avanzadas del mundo, con diferencia, Japón y Estados Unidos, tienen las tasas más bajas de paro: 3,2% en Japón y 5,1% en Estados Unidos en agosto de 1996. A pesar de la incorporación masiva de la mujer al trabajo, no hay paro masivo porque en Japón se mantiene la creación de empleo estable y en Estados Unidos en los cuatro últimos años se han creado diez millones de nuevos puestos de trabajo, el 60% de los cuales son de nivel técnico y profesional, con un nivel de educación superior a la media de la actual fuerza de trabajo. El desempleo europeo es el resultado del desfase entre la creciente interdependencia económica en un sistema global y las condiciones europeas de estabilidad del trabajo y protección social, muy superiores a las existentes en Asia (excepto Japón) y en Estados Unidos. En una palabra: no se puede jugar en el mismo campo y al mismo juego con reglas de juego diferentes.

 

La economía global iguala hacia abajo

La integración económica global, con condiciones de productividad similares, tiende a igualar -hacia abajo- las condiciones sociales y salariales. El problema no es, por ahora, la competencia directa de productos asiáticos o norteamericanos exportados a Europa, puesto que su penetración es aún limitada.

El problema es que las empresas europeas, enfrentadas con costos laborables más altos que sus competidores, tienden a introducir tecnología para eliminar trabajo, compran insumos industriales de otros países de menor costo y, cada vez más, orientan sus inversiones hacia América o Asia. Si Europa quiere integrarse plenamente en la economía global es muy dudoso que se pueda permitir la continuación del estado del bienestar actual y de la relativa estabilidad de empleo. Y no parece realista pensar que los gobiernos y empresas europeas van a renunciar a dicha integración en los mercados globales.

 

La cuadratura del círculo se llama productividad

Ahora bien, reconocer la fuerza de este argumento no quiere decir que los trabajadores no tengan otro remedio que aceptar los postulados neo-liberales de la globalización y resignarse al retroceso de conquistas sociales y poder de negociación salarial. No estamos en el fin de la historia, con la apoteosis de un capitalismo salvaje, sino en el principio de una nueva era, en la que el extraordinario desarrollo tecnológico puede permitir, a la vez, más ganancia para las empresas y mejores condiciones para los trabajadores: la cuadratura de ese círculo se llama productividad.

 

Los sindicatos son el principal instrumento de los trabajadores

Pero la elaboración de un nuevo modelo de crecimiento económico y reparto social debe partir del reconocimiento de donde están los problemas y de la movilización para plantear, negociar y obtener soluciones. Y aquí es donde el trabajo y empleo debilitan estructuralmente la posición tradicional de los sindicatos que, se diga lo que se diga, son, con todos sus límites, los principales instrumentos con que cuentan los trabajadores, y la población en general, para la defensa de sus derechos. Lo que las nuevas tecnologías de información y comunicación permiten es la individualización creciente del proceso de trabajo y la organización de la producción en red, mediante la utilización sistemática de subcontratas, de consultarías y servicios especializados, de trabajadores temporales, a tiempo parcial o a la tarea. Y esto en todos los niveles de cualificación. La empresa moderna es una red de producción, servicios e información que se conecta con otras empresas igualmente reticulares, de forma que cada trabajador recibe una tarea o un salario de forma cada vez más individualizada.

 

Hacia la empresa virtual

La tendencia es hacia la creación de empresas virtuales en las que el proceso de trabajo se organiza a distancia y por empleadores diferentes. Aunque la mayoría de las empresas aún utilizan los métodos tradicionales de producción y gestión, la flexibilidad y productividad del nuevo modelo irá eliminando las empresas que no entren en las nuevas formas de producción internacional. En esas condiciones, ¿cómo organizar a los trabajadores, cuyas condiciones de trabajo, empleo, sueldo y protección social son individualizadas?. Si el trabajo es local y el capital global, ¿cómo actuar sobre una empresa si la respuesta puede ser el cierre y la reinversión del capital en otra región, en otro país o en otro continente?.

 

Pasar de los derechos sociales del trabajador, a los del ciudadano

 

Las respuestas, tecnológicas, organizativas, estratégicas, a estas preguntas, existen, y están siendo experimentadas en distintos países. La organización de los trabajadores debe ser igualmente descentralizada y reticular, debe utilizar formas organizativas en línea telecomunicada interactiva, debe utilizar información sobre las relaciones inter-empresas, y debe negociar flexibilidad y productividad por protección social y estabilidad en el empleo. Probablemente el Estado del Bienestar debería ser financiado en base al presupuesto general del estado, por vía impositiva, y no por contribuciones de trabajadores y empresas, puesto que ello grava la creación de empleo. Habría que pasar los derechos sociales del trabajador a los derechos sociales del ciudadano.

 

Dos prioridades: la mujer y la educación

El movimiento sindical debería dar un enfoque prioritario a los problemas de la mujer, particularmente en el sector servicios, pues es el mercado de trabajo femenino el que, ante la indiferencia práctica de los sindicatos por sus problemas, suele actuar como ejército de reserva, presionando a la baja las condiciones laborales. El sistema educativo debe ser redefinido de arriba a abajo, adaptándolo a las necesidades de un sistema productivo basado en la capacidad de procesar información. Lo cual implica el desmantelamiento de la formación profesional, enfocada a las calificaciones requeridas a corto plazo, y por tanto rápidamente obsoletas, sustituyéndola por una integración entre educación y trabajo constante a lo largo de la vida profesional.

 

Reinventar el movimiento obrero

Si los sindicatos se mantienen negociando en el marco de la empresa, la globalización o informacionalización de las empresas acabará desarticulándolos. Los sindicatos sólo pueden sobrevivir, y con ellos la defensa de los derechos de los trabajadores, planteando un debate social y político sobre las nuevas formas de organización económica, social y política, buscando un modelo que garantice la conexión entre productividad, competitividad, reparto de la riqueza y bienestar social en las nuevas condiciones tecnológicas. La toma de conciencia de la nueva situación histórica y un amplio debate a ras de fábrica y de barrio, a partir de información adecuada, son requisitos indispensables para re-inventar un movimiento obrero (aunque ahora sean obreros de la información) que corresponda, sin anticuallas, a la reinvención de sí mismo que ha operado un capitalismo de nueva planta. No para volver a la lucha de clases, superada por una sociedad mucho más compleja que la del capitalismo clásico. Sino para recordar a las empresas, al mundo y a nosotros mismos, que podemos y debemos pasar de vivir para producir y a producir para vivir.



Manuel Castells.
Profesor de investigación en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (CSIC) de Barcelona.



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