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Octubre - Enero de 1997 · nº 1

Proyecto de informe sobre la reducción del tiempo de trabajo
Michel Rocard

A. Propuesta sobre la reducción

Resolución sobre la reducción del tiempo de trabajo

 

El Parlamento Europeo,

- Visto el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea y, en particular, sus artículos 2, 3 , 103, 118 y 118B,

- Vistas las decisiones del Consejo Europeo reunido en Edimburgo, Copenhague, Bruselas y Corfú,

- Visto el Libro Blanco sobre el crecimiento, la competitividad y el empleo (COM(93)0700) y el informe de la Comisión sobre El empleo en Europa en 1994 (COM(94)0381),

l Vistos los trabajos del Comité Económico y Social de la Unión Europea y, en particular, las actas de su deliberación sobre el documento de trabajo relativo al tiempo de trabajo (SOC292, CES342/95),

l Visto el Proyecto de recomendación del Consejo sobre la reducción y la reorganización del tiempo de trabajo presentado por la Comisión al Consejo el 16 de septiembre de 1983 (COM (83)0543 final) y la resolución del Parlamento Europeo con su dictamen sobre este proyecto aprobada el 18 de noviembre de 1983 (DO de 19 de diciembre de 1983),

A. Considerando que el desempleo masivo sigue siendo, en proporciones diversas pero igualmente peligrosas, el principal azote que afecta y amenaza la cohesión social de los diferentes Estados miembros y de la Unión en su conjunto,

B. Considerando que la persistencia de tal desempleo masivo conlleva consecuencias de tres órdenes:

- un coste presupuestario cada vez menos sostenible consistente en subsidios de desempleo, cotizaciones sociales no pagadas y la multiplicación de cursos y oportunidades de formación;

- una pérdida de cualificación, de dignidad social, de seguridad de cara al futuro, así como de estabilidad psicológica personal y familiar para un aumento peligroso de numerosas desviaciones del comportamiento como la pérdida de sentido cívico, la marginación social, la delincuencia y el consumo de droga;

C. Considerando que, por consiguiente, la lucha contra el desempleo es una prioridad social y política absoluta en la Unión y en los diferentes Estados miembros,

D. Considerando que, obviamente, no existe un arma única o una receta exclusiva para poner fin a este azote,

E. Considerando que , aún cuando un crecimiento económico medio, superior al que conocemos actualmente, del producto nacional bruto durante un largo período de tiempo contribuiría positivamente a limitar este fenómeno, está demostrado que no bastaría en absoluto para remediarlo. La experiencia histórica reciente de todos los Estados miembros lleva indiscutiblemente a esta conclusión, confirmada además por la totalidad de los estudios teóricos disponibles,

F. Considerando que, independientemente del ritmo de crecimiento y más allá de éste, la Unión y todos sus miembros deberán luchar contra los factores que bloquean el empleo y mejorar las condiciones que permitan la creación de empleo en los tres sectores clave, concretamente:

- la formación profesional y la cualificación de los trabajadores;

- el buen funcionamiento y la flexibilidad de las instituciones que gestionan el mercado de trabajo y sus procedimientos;

- la fiscalidad, que continúa estimulando de numerosas maneras la automatización, la mecanización y la supresión de empleo, así como impidiendo nuevas contrataciones.

G. Considerando que dos sectores podrían crear numerosos empleos si se aplicaran los estímulos suficientes, concretamente, las pequeñas y medianas empresas y los servicios y, en particular, los servicios de proximidad,

H. Considerando, en definitiva, que al margen de todas estas medidas no se ha explorado realmente otra posibilidad, la reducción apreciable del tiempo de trabajo,

I. Considerando asimismo que las numerosísimas experiencias de empresas que han conseguido reducir de manera considerable la duración del trabajo demuestran la posibilidad de mantener no solamente el número de trabajadores sino de contratar a otros nuevos, y que los trabajos de los especialistas, cada vez más numerosos, confirman los resultados prometedores e importantes de tal política, si ésta se generalizara y fuera firmemente apoyada por los poderes públicos, destinando el dinero ahorrado en subsidios de desempleo cuando se producen contrataciones a compensaciones parciales o totales de las pérdidas salariales producidas por la reducción del tiempo de trabajo que ha permitido dichas contrataciones,

1. Pide a la Comisión que elabore y publique un estudio global sobre las experiencias adquiridas sobre el terreno que permita hacer balance;

2. Pide igualmente a la Comisión que elabore y publique estudios detallados en que se evalúen las modalidades y las consecuencias de tales políticas de estímulo a una reducción apreciable del tiempo de trabajo, examinando las diversas hipótesis alternativas, tanto en lo que respecta a la duración como al importe de las compensaciones por las pérdidas salariales;

3. Pide a la Comisión que celebre y coordine intensas consultas con el conjunto de los interlocutores sociales afectados, tanto a nivel de Unión como de los diferentes Estados miembros;

4. Decide, por su parte, proceder a todos los estudios y audiencias necesarias, tanto de interlocutores sociales como de especialistas, para completar la información mutua y la suya propia sobre este asunto y perfeccionar la definición de las modalidades posibles de puesta en práctica de tal política;

5. Pide a la Comisión y al Consejo que animen a los Estados miembros y a los interlocutores sociales a realizar todas las negociaciones a este respecto;

6. Pide a la Comisión que abra una negociación marco a nivel europeo, así como negociaciones sectoriales, en particular, en los sectores actualmente excluidos de la directiva relativa al tiempo de trabajo;

7. Pide a la Comisión que elabore un proyecto de recomendación con objeto de definir, para su empleo en los Estados miembros, las condiciones de neutralidad fiscal al elegir entre nuevos empleos y nuevas máquinas y las condiciones jurídicas que faciliten o estimulen la reducción del tiempo de trabajo que serían compatibles con la estabilidad de las relaciones de intercambio y el equilibrio de competitividad entre los diferentes Estados miembros;

8. Propone, finalmente, a la Comisión que elabore un programa de estímulos a la vida cultural, deportiva y asociativa que esté claramente destinado a promover una gran demanda popular de tiempo libre;

9. Encarga a su Presidente que transmita la presente resolución al Consejo, a la Comisión y a los interlocutores sociales.

B. Exposición de motivos

 

1. La situación

1.1. Las insuficiencias de nuestros medios actuales de lucha contra el desempleo

El desempleo es el problema prioritario: en ningún documento de la Comisión o del Consejo, en ninguna declaración de un miembro de la Comisión o de un ministro falta esta frase. Después de ella, se menciona siempre el crecimiento, la organización y flexibilidad del mercado de trabajo, la educación y la formación, el fomento del empleo en las PYME y en los servicios, el régimen fiscal y la necesaria disminución de las cargas de las empresas. Nadie ignora que todas estas medidas son útiles, pero también se sabe con certeza que no bastan. El programa para la creación de 15 millones de puestos de trabajo de aquí al año 2000 no se acompaña de medidas suficientes para garantizar su puesta en práctica.

1.2. El tiempo medio de trabajo como factor del empleo

Curiosamente, nunca se menciona la posible variación del tiempo de trabajo (en la semana, en el año o en toda la vida) como uno de los posibles elementos de la lucha contra el desempleo.

Sin embargo, muchas cosas confirman que se trata de un factor importante para el equilibrio global del empleo. Hacia 1880, en Europa se trabajaba unas 3.200 horas al año. Desde 1970, nos hemos estabilizado un poco por debajo de las 1.700 horas. Y esta lenta evolución se acompaña de un considerable aumento de los ingresos. Desde que llegó a su fin esa disminución, se ha venido desarrollando en Europa el desempleo a gran escala.

Desde hace 5 o 6 años, ha vuelto a producirse un movimiento de baja, que se ha plasmado en una reducción de una hora y media por semana, por término medio, en la Comunidad, pero con un reparto muy desigual. En los países en que ha sido más acentuada (Dinamarca, Alemania, Bélgica, Países Bajos), esta reducción ha contribuido a contrarrestar y a limitar el aumento del desempleo, provocado por la crisis económica de esos mismos años. El caso de los Países Bajos es el más elocuente. Fue uno de los países más afectados por la crisis, debido a su gran sensibilidad con respecto al comercio exterior y a la estructura de su industria, y perdió durante esos años cerca del 5% de sus puestos de trabajo en la industria. Pero, simultáneamente, el tiempo medio de trabajo experimentó una reducción de 4 horas por semana y, en total, es uno de los países de la Unión cuya tasa de desempleo de 1994 es algo inferior a la de 1985.

Por último, y sobre todo, numerosas empresas en muchos de nuestros Estados miembros ponen en práctica reducciones masivas que les permiten salvar puestos de trabajo. Pero como no se benefician de ninguna ayuda o incentivo público, la experiencia resulta más costosa que necesaria para los trabajadores y, en consecuencia, difícil de extender.

1.3. El silencio en este tema

Los textos oficiales de la Unión Europea son de una asombrosa discreción en este tema.

El Libro Blanco de la Comisión sobre el crecimiento, la competitividad y el empleo no utiliza la expresión reducción del tiempo de trabajo. Sólo habla de flexibilidad, reordenación del tiempo de trabajo, tiempo de trabajo anual más diversificado, de intensificación de la formación y de tiempo parcial. El considerable volumen de trabajos preparatorios utiliza el mismo vocabulario y sólo emplea la expresión reducción de tiempo de trabajo al final del capítulo sobre los sistemas de educación y de formación profesional: se habla en este caso de las consecuencias de una política de formación y no de una voluntad existente.

El Libro Blanco sobre la política social no aborda el tema, como tampoco lo hace la Resolución aprobada por nuestro Parlamento sobre ese mismo Libro Blanco.

Exceptuando únicamente a Jacques Delors, tampoco ningún miembro de la Comisión, ningún ministro representante de la Presidencia en ejercicio se refiere nunca al asunto. De los Estados miembros, sólo los Países Bajos, así como desde hace algunos meses Bélgica y Alemania, lo han sometido a debate.

La conclusión de todo ello salta a la vista: es un tema que causa temor.

Los trabajadores y la mayoría de sus sindicatos tienen miedo a perder ingresos. Los empleadores tienen miedo a recibir nuevas cargas. Los gobiernos tienen miedo a asustar a los trabajadores que tienen un empleo y a los empleadores. La Comisión tiene miedo a asustar a los gobiernos. Y nosotros seguimos todos proponiendo y aprobando políticas que sabemos son insuficientes, y el desempleo sigue aumentando lentamente en Europa, llegando en muchos de nuestros países a un nivel que genera desesperanza, violencia social, delincuencia, refugio en la droga y dislocación de nuestra cohesión social.

No tenemos derecho a seguir diciendo que el desempleo es un asunto prioritario si no nos dotamos de medios mucho más eficaces para combatirlo.

1.4. Se pueden apaciguar los temores

A largo plazo, el reparto del aumento de productividad (que se obtiene por el juego de las fuerzas sociales en el mercado) entre los ingresos y la reducción del tiempo de trabajo es lo que permitirá que esta última se produzca sin pérdida de ingresos, muy al contrario. Pero, a muy corto plazo, toda empresa en la que se reduce el tiempo de trabajo debe forzosamente reducir también sus costes salariales si quiere realizar nuevos contratos para obtener el mismo número total de horas de trabajo. Debe hacer incluso mucho más, pues el problema es prolongar el tiempo de funcionamiento de las máquinas y los equipos mientras desciende el tiempo de trabajo de las personas.

Esto significa que, en las cuentas de las empresas, sólo será posible la creación de un número significativo de nuevos contratos derivados de una reducción del tiempo de trabajo si la empresa reduce los costes de la mano de obra contratada con anterioridad, ya sea mediante la reducción de los salarios, ya sea mediante la reducción de las cargas sociales que pesan en los salarios, ya sea mediante ambas medidas.

Si se trata de las cargas, ello conllevará un déficit público que será preciso equilibrar; si se trata de los salarios, conllevará pérdidas salariales que difícilmente serán aceptadas y que, en cualquier caso, suscitarán todo tipo de reticencias con respecto a la posibilidad de generalizar este tipo de solución.

Así pues, es necesario prever compensaciones y, para llevar a buen término las grandes políticas nacionales o europeas, esas compensaciones deberán anunciarse con anticipación. ¿Son posibles? La respuesta es sí, sin duda alguna.

Los distintos países de la Comunidad gastan anualmente un promedio de unos 20.000 ecus, por año y desempleado: algo más de la mitad en concepto de asignaciones, menos de la cuarta parte para los numerosos casos en los que los desempleados siguen bajo la cobertura de un régimen general de la seguridad social pero ya no cotizan, y una última parte de la suma para los numerosos períodos de formación en prácticas que se ofrecen a la espera de conseguir un empleo. De este modo, para el conjunto de nuestros Estados miembros, los gastos derivados del desempleo se acercan a la cifra de 350.000 millones de ecus anuales, es decir cerca del 4% del producto nacional bruto de la Unión.

Las proporciones varían entre uno y otro país, pero el gasto global sigue siendo el mismo. Esto significa que la contratación de un desempleado (en términos netos, es decir, superando el número de nuevos desempleados en el período considerado) produce un rendimiento económico para el país en cuestión que se reparte entre su presupuesto nacional y sus cuentas sociales: estas sumas, activamente utilizadas para la creación de empleo, más que las indemnizaciones por desempleo, constituyen la reserva de financiación de las políticas de apoyo a la reducción posible del tiempo de trabajo (salvo problemas de hacienda: ciertos gastos de ayuda a la creación de empleos podrían ser, en efecto, anteriores o estar enteramente comprometidos, e incluso pagarse en el momento en que se produce el rendimiento económico de contratación). En el caso de un país del tamaño de Francia, esta suma podría aproximarse a los 20.000 millones de ecus. En consecuencia, se puede prever con antelación el tipo de compensaciones concebibles y posiblemente disponibles que permitirían disipar los temores que suscita una política activa de reducción del tiempo de trabajo.

El principio de estos mecanismos es sumamente simple. Toda empresa que, mediante una reducción significativa del tiempo de trabajo y, tal vez, un aumento simultáneo del tiempo de utilización de sus equipos, contrata un determinado número de desempleados que hasta ese momento cobraban el subsidio puede recibir del sistema de subsidios de desempleo una subvención correspondiente a una determinada proporción, que se establecerá en la negociación social, de los subsidios que se evitan con esa contratación. Esta subvención estaría destinada a evitar o a limitar las bajas salariales sin las cuales la disminución del tiempo de trabajo no podría aportar a la hacienda pública los recursos necesarios para la contratación. La importancia de esta subvención, su duración, su paulatina disminución en función del aumento de productividad deberían ser objeto de una negociación tripartita entre empleadores, sindicatos de trabajadores y poderes públicos o sistemas de subsidio de desempleo, sector por sector o incluso empresa por empresa (en el caso de las que dan empleo a más de mil trabajadores). También se puede pensar, siempre gracias al ahorro procedente de la contratación masiva de desempleados que hasta ese momento cobran el subsidio, en contribuir a las nuevas medidas de formación que deberán ofrecer las empresas a los nuevos contratados.

La reflexión del Parlamento Europeo podría centrarse en considerar algunos detalles de esas disposiciones que deberán elaborarse o fomentarse. Evidentemente, éstas variarán según las modalidades de la reducción del tiempo de trabajo.

 

2. Enfoques posibles

Existen, en efecto, múltiples formas de fomentar la reducción del tiempo de trabajo (en toda la vida, en el año o en la semana) y cada una de ellas debe ser objeto de estudio y estímulo por separado.

2.1. Primer instrumento: la jubilación progresiva

Creo que es en Suecia donde se ha planteado la idea de un sistema muy completo que permitiría a todos los trabajadores por cuenta ajena jubilarse por etapas y de forma progresiva a partir de una determinada edad que se puede rebajar hasta los 55 o los 50 años. Algunos Estados miembros practican ya una política de jubilaciones anticipadas, pero de carácter global y no progresivo, y sin conexión con el problema en su conjunto. El hombre o la mujer que sólo desea trabajar 3/4 partes del tiempo podría hacerlo sin dejar por ello de perder la 1/4 parte de su jubilación, que está financiada por su propia cotización. Esta persona seguiría recibiendo las 3/4 partes de su salario, cotizando con él la parte adicional de su jubilación, que podría percibir posteriormente; asimismo, podría, en la fecha que le convenga, pasar a la media pensión de jubilación o a las 3/4 partes de la jubilación, manteniendo una actividad remunerada a tiempo parcial.

El sistema presenta dificultades administrativas a la hora de establecer los derechos de la gestión, pero no entraña ningún coste inmediato. Su coste a largo plazo no sería peligroso a no ser que, en su conjunto, la edad media de jubilación completa se redujera considerablemente, lo que no es probable ni ineluctable: también se podría estimular una prolongación del trabajo a tiempo parcial a lo largo de los años. De cualquier manera, tal sistema ofrecería la ventaja de eliminar la ruptura brutal y psicológicamente peligrosa entre el trabajo a tiempo pleno y la jubilación total. Permite que las personas que se benefician de él alcancen un mejor desarrollo personal y permite también que la ligera reducción de impuestos que supone se realice de forma muy paulatina.

Son innumerables los trabajadores que no se sienten muy atraídos por su trabajo y que sin duda se acogerían de buena gana a ese sistema. Las cargas salariales de las empresas se reducen en consecuencia. Por lo tanto, no hay problemas de compensación, a no ser tal vez un complemento público de ayuda a la formación de los nuevos trabajadores contratados en sustitución, y así poder mantener un volumen constante de horas de trabajo disponibles.

Creemos que es muy importante estudiar más detenidamente la posibilidad de difundir este sistema y su modo de funcionamiento.

2.2. Segundo instrumento: el tiempo parcial voluntario

Exceptuando los Países Bajos y con situaciones ligeramente distintas según los Estados miembros de la Unión, el trabajo a tiempo parcial no se fomenta y, en realidad, se entiende como una limitación.

Con demasiada frecuencia sucede que los trabajadores que han optado por el tiempo parcial ven amenazadas sus posibilidades de ascenso y de carrera, o incluso el pleno ejercicio de sus derechos sindicales. Pero, sobre todo, la adopción del tiempo parcial suele ser una decisión de la empresa que se explica por una situación coyuntural y que no prevé las situaciones familiares en las cuales la pérdida del puesto de trabajo de un cónyuge o un accidente sobrevenido a un miembro de la familia dan lugar al deseo de reintegrarse al tiempo completo.

En todos estos puntos, serían convenientes amplias negociaciones nacionales para llegar en cada Estado miembro a una Carta del tiempo parcial voluntario. En estas condiciones, el tiempo parcial sería probablemente una opción mucho más frecuente que ahora, aún tratándose de una opción que conlleva la reducción del salario por la libre decisión del interesado.

En consecuencia, no requiere compensación alguna salvo el incentivo que supone garantizar los derechos profesionales, sindicales y de recuperación del tiempo completo. La Unión Europea podría elaborar una recomendación al respecto.

2.3. Tercer instrumento: la reducción de las horas extraordinarias

Las estadísticas globales no bastan en absoluto. Al parecer, el promedio de la cantidad global de horas extraordinarias realizadas en la Unión Europea equivale al 2,5% de los empleos remunerados. Para el conjunto de la Unión, esto representa el equivalente de entre 3 y 4 millones de puestos de trabajo.

Por qué no promover amplias negociaciones sociales en cada Estado miembro destinadas a la eliminación paulatina, total o parcial, de las horas extraordinarias y a su sustitución por permisos compensatorios? En este punto, por supuesto, debe tenerse en cuenta que las personas que solicitan las horas extraordinarias suelen ser los trabajadores peor remunerados.

En consecuencia, es necesaria una compensación. Y es mediante las negociaciones por sectores o dentro de las grandes empresas como deber evaluarse y decidir la forma, el volumen y las condiciones de su asignación. Una vez que estén en posesión de los resultados de esas negociaciones, los poderes públicos podrán poner en marcha el mecanismo de compensación para promover la progresiva eliminación de las horas extraordinarias. Para ello, la Unión podría asociarse en parte a esa iniciativa.

2.4. Cuarto instrumento: la reducción del tiempo máximo de trabajo mensual

Este método es difícil de manejar. Es el único en el que se piensa cuando se menciona el problema, de ahí la necesidad de poner en práctica al mismo tiempo todos los instrumentos anteriores.

En este caso, el problema consiste en que la adopción repentina de esta medida legislativa es incompatible con la flexibilidad de la economía. Así pues, el problema podría plantearse en los siguientes términos: en una fecha X, la autoridad pública anuncia su intención de reducir en dos horas el tiempo de trabajo máximo semanal. Tras ese anuncio, los interlocutores sociales, bien por sectores o, llegado el caso, dentro de las empresas, dispondrían de un año para negociar las modalidades de aplicación, que podrían acompañarse, por ejemplo, de la no reducción del salario por debajo del doble o el triple del salario mínimo (por ejemplo, 2.000 o 2.500 ecus), así como de una reducción del 3% en una franja superior y del 5% en la última franja de los salarios más altos. También habría otras posibilidades, y, en tal vez, soluciones diferentes según los sectores.

A partir de ese momento, se iniciarían negociaciones con los poderes públicos, sobre la compensación parcial o total, por un período más bien largo, de esas pérdidas salariales, compensación que vendría acompañada también por el apoyo a las iniciativas de formación de las empresas, necesarias para hacer frente a las contrataciones así obtenidas.

Esta política podría muy bien acompañarse de una reducción de las cargas fiscales y sociales de las empresas, teniendo siempre en mente que la contratación de un desempleado representa un ahorro importante. Al cabo de uno o dos años, los resultados de esas negociaciones podrían ampliarse mediante la legislación, poniendo en marcha un mecanismo presupuestario de compensación.

Si el procedimiento resulta eficaz, podría contemplarse, inmediatamente después, una segunda etapa de otras dos horas, y a continuación una tercera etapa. Lo fundamental es que la velocidad de reducción del tiempo de trabajo sea superior a la velocidad de crecimiento de la productividad.

2.5. Quinto instrumento: educación y formación

En nuestros países desarrollados y en los próximos años, el empleo se va a concentrar cada vez más en los trabajos de alta cualificación. Se plantearán cada vez más los problemas de la formación continua, la formación alterna, el reciclaje y el año sabático. ¿Por qué no promover amplias negociaciones en cada Estado miembro? ¿No podría la Unión fomentar dichas negociaciones poniendo en práctica programas destinados a favorecer un aumento del tiempo de educación y de formación en la vida del individuo, aumento que está estrechamente relacionado con la reducción del tiempo dedicado al trabajo remunerado y productivo en todo el período de la vida?.

 

3. Objetivos y tareas de la Unión

3.1. Amplitud de los objetivos esenciales

Está claro que sólo lograremos dar trabajo a la masa enorme de desempleados que registra actualmente la Unión con medidas de gran amplitud, y de todas ellas las que afectan al tiempo de trabajo son indudablemente algunas de las más fructíferas. Y no está menos claro que no será posible llegar a un equilibrio estable en el cual un tiempo de trabajo sustancialmente inferior al actual, sin experimentar después ningún cambio, baste por sí solo para resolver definitivamente el problema.

La productividad seguirá creciendo con el progreso técnico. Si queremos estar bien preparados para esa evolución; tendremos que pensar a largo plazo. En la actualidad, la perspectiva es llegar a la semana de cuatro días en un plazo de 10 o 15 años.

3.2. ¿Es posible y deseable este cambio en el modo de vida?

Recordemos aquí la reflexión de Adam Smith, quien, al final de su obra sobre la riqueza de las naciones, se planteaba la cuestión del futuro que aguardaba a las sociedades cuyo impulso ya no fuera la lucha por la supervivencia y que se pronunciaba a favor de una república filosófica. Recordemos también las reflexiones de Keynes cuando, en 1930, observaba la crisis de las clases acomodadas de su tiempo y, por otro lado pronosticaba que en menos de un siglo -lo que nos envía al período presente- se trabajaría 3 horas por día o 15 horas por semana, repartidas de manera aleatoria, al tiempo que se preguntaba cómo evitar la depresión nerviosa colectiva de unas sociedades aletargadas en su propia holgura.

Pasar de dos a tres días de tiempo libre semanal es un cambio de gran importancia. Dos días son el lapso de tiempo necesario para los indispensables trabajos domésticos y para la recuperación de la fuerza de trabajo; tres días significan un día más para una forma distinta de vida.

La sociedad actual ofrece principalmente un consumo pasivo, que no resulta satisfactorio para el individuo y provoca ese malestar y ese profundo hastío que caracterizan la crisis actual de nuestras sociedades urbanas. Pero, a lo largo de toda una vida, un día más por semana significa tener tiempo para practicar seriamente el deporte, para realizar una actividad cultural recreativa, e incluso para participar de manera mucho más activa en la vida asociativa civil. Innumerables experiencias en muchos de nuestros Estados miembros demuestran que los hombres y las mujeres que disfrutan de horarios próximos a las 30 horas semanales se adaptan a ellos de forma admirable y se encuentran a gusto, a pesar de que, desde los medios oficiales, no se estimulan ni se difunden las nuevas posibilidades de una vida más activa. Hay que contribuir a crear ese nuevo modo de vida. Tal es el objeto de la revolución adjunta.



Michel Rocard.
Diputado en el Parlamento Europeo



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