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Septiembre - Diciembre de 2007 · nº 34

La inmigración es ya un desafío estructural
Francesc Castellana

Hoy la sociedad percibe más la inmigración y sus efectos en su integración que la oportunidad positiva que significa y en la consiguiente aportación que hace al aumento de la riqueza. La percepción social real de la inmigración se palpa en el barrio y en la fábrica o en la oficina.

En el barrio la voluntad de integración, hoy por hoy, es mayoritaria y la ejerce casi toda la población, tanto la autóctona como la recién llegada; expresión positiva frente a manifestaciones negativas también existentes, minoritarias, de personas que siendo del país, quieren excluir a los que no lo son y de otros recién llegados, que en vez de integrarse, se autoexcluyen de la vida social y, por tanto, de la convivencia, manteniendo sólo sus pautas culturales y sociales de origen.

En el trabajo, la entrada siempre dramática y peligrosa de emigrantes en cayucos está en evidencia mediática permanentemente, y la muy importante entrada por “Barajas”, aunque silenciosa y poco visible, hacen que hoy exista la percepción social generalizada de que el movimiento migratorio seguirá creciendo en el futuro. La mayor o menor intensidad en el flujo aumentará o moderará su vertiente más dramática y, por tanto, también mediática.

Para la sociedad un hecho nuevo supone siempre una incertidumbre primaria y el cambio demográfico resultado de la inmigración lo es. Esta primaria incertidumbre crece si la percepción social del impacto es desordenada y, aún más, si éste se exagera o se produce alarma hasta provocar la inseguridad. Y la inseguridad es más producto de la acción por parte de algunos desaprensivos, que azuzan el miedo con actitudes provocadoras, xenófobas o alarmistas.

La inmigración es un hecho social nuevo, de cambio, en una España que ha pasado de ser un de país de emigrantes a un país receptor. Cataluña también experimenta un cambio en su tradicional acogida de personas del resto de España, ahora recibe también a extranjeros. La primera respuesta ante el hecho inmigratorio es sin ninguna duda la acogida y la integración. Ésta es la acción prioritaria. En este ámbito es donde el Govern de la Generalitat actúa y actúa bien junto a la Administración local. Lo muestran sus acciones en la mejora de la acción pública en materia de la vivienda y el urbanismo en los barrios de acogida -Ley de Barrios- tanto en las infraestructuras físicas como en la protección social, además de una mejor dotación de recursos en la sanidad y la educación con un importante crecimiento presupuestario; realidades visibles, todas ellas, de la acción pública en Cataluña que amplía y extiende, con más recursos, los derechos de toda la ciudadanía. Estas singulares acciones se amplían con actuaciones específicas en el ámbito de la cultura y de la integración lingüística. La equiparación en derechos y deberes de toda la ciudadanía ha hecho posible el sostenimiento de la convivencia por el momento, permitiendo que ésta se haya mantenido en su equilibrio anterior al impacto migratorio. Queda aún mucho por hacer, pero será necesario insistir en la plena equiparación de derechos y deberes iguales para todos y ello sin pérdida alguna de la calidad de los servicios públicos.

 

El flujo migratorio

En el campo laboral queda más camino por recorrer. La integración laboral es poco ordenada. Se han dado pasos importantes por el ministro Caldera en materia de normalizaciones o regularizaciones tras las consecuencias desastrosas de la actuación pública del PP en esta materia. Son manifestaciones del desorden laboral: el trabajo precario, la discriminación en salarios y en condiciones de trabajo entre el autóctono y el emigrante y, a veces, su mayor expresión es la sobreexplotación empresarial, hechos, estos últimos, que son consecuencia de la trasgresión de la legalidad por una parte de algunos empresarios sin escrúpulos (pocos pero los hay) y de otra de algunos emigrantes recién llegados poco respetuosos con la legalidad, por desinformación de algunos de ellos: excusable; o por la escasa voluntad de vinculación de algunos emigrantes con la sociedad de acogida: reprobable. Finalmente, en este apartado se ha de convenir que a este desorden laboral contribuye que el flujo migratorio no sea coherente con las oportunidades que ofrece y puede ofrecer nuestro mercado laboral de forma ordenada, pues éste, hoy por hoy, sólo es coherente con relación a la expectativa que ofrece la abundancia de Europa frente a la miseria y falta de oportunidades de África y de algunos países de América Latina.

¿Podemos ordenar el flujo migratorio? Seguro que exhaustivamente no lo puede hacer España sola. Es un reto de la Unión Europea y sólo en ese marco es posible. Pero también constatamos que nuestros servicios de empleo, mediante el diálogo social, pueden desplegar algunas iniciativas de impacto con relación al trabajo temporal de los temporeros, para el conjunto del Estado, utilizando para ello el referente de la colaboración de la Unió de Pagesos con el Servei d’Ocupació de Catalunya y el resto de los actores del campo catalán. También se podrá extender esa experiencia a otros sectores intensivos en trabajo temporal como la hostelería, la construcción y los llamados servicios domiciliarios, aunque, en estos últimos, habrá que esperar a mayor estabilidad económica y a un despliegue más generalizado de la Ley de la Dependencia.

Solo así, actuando de forma permanente e innovadora, podremos comenzar una política de carácter estructural, global e integral, en materia migratoria. Este hecho nos permitirá mejorar los niveles de confianza ciudadana y corregir la percepción actual, que está influida también por la acción de una derecha desaprensiva e irresponsable en estos temas. La sociedad ve las oportunidades y quiere eliminar los obstáculos actuales en los temas migratorios y éste es un reto para nuestra sociedad actual y futura.



Francesc Castellana.
Presidente de la Fundació Utopia - Joan Nepomuceno García-Nieto de estudios sociales del Baix Llobregat.



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