RSS Feed RSS Comentar Comentar Imprimir Imprimir enviar Estadisticas Valoración

Marzo - Abril de 2011 · nº 54

Los sindicatos árabes ante el cambio
Isidor Boix

Los regímenes dictatoriales que han estado imperando en el mundo árabe en los últimos decenios se resisten a desaparecer. Así se está poniendo de manifiesto en Libia, Siria, Bahréin, Yemen, Arabia Saudí, Irán, Marruecos, Jordania, Omán, … Sin embargo lo que expresan las inacabadas revoluciones de Túnez y Egipto está teniendo ya una gran repercusión en todo el mundo árabe, y su eco, que se extiende hacia el sur del continente y empieza a oírse también en el África subsahariana, ha llegado hasta China.

Mucho se ha escrito y se escribirá sobre este importante fenómeno y su significación histórica, sobre sus formas de movilización y de organización, de representación. Por mi parte pretendo abordar ahora el papel del sindicalismo en este proceso revolucionario y reflexionar sobre cómo puede proyectarse en las etapas de transición ya abiertas o por abrir en algunos países, partiendo para ello de mis experiencias directas en los últimos años en el Magreb, de una breve visita a Egipto y de algunas reuniones sindicales del Norte y Sur del Mediterráneo en las que coincidí con supuestos sindicalistas libios. También de los interesantes informes elaborados por las delegaciones de la Secretaría confederal de Internacional de CC.OO. que visitaron Túnez y Egipto en febrero de este año, así como de los informes de la Confederación Sindical Internacional sobre violaciones de los derechos sindicales.

Las informaciones sobre las expulsiones este año de la Internacional Socialista de los partidos de dos dictadores, del tunecino Ben Alí y del egipcio Mubarak, han provocado lógicos comentarios de sorpresa y de denuncia que parecen olvidar el origen de estos regímenes y el porqué de su, en su día, adscripción a las corrientes progresistas mundiales. Se entenderá mejor si se recuerda el proceso de descolonización y el positivo papel jugado por esos partidos, con Bourguiba y Nasser al frente, en sus primeras etapas. Ello no hubiera debido impedir que, ante la deriva dictatorial y corrupta de estos regímenes y de los partidos que los lideraban, estas expulsiones se hubieran producido hace años. Esta cuestión me ayuda de todas formas a ordenar estas notas.

Los procesos descolonizadores fueron en general de carácter revolucionario y encontraron apoyos, no siempre sin equívocos y vacilaciones, en las fuerzas progresistas de los países colonizadores, así como en la Unión Soviética y la República Popular China. El propio proceso anticolonialista y esas alianzas contribuyeron a configurar sistemas políticos de partido único en la mayoría de países que rompían la opresión colonialista, con formulaciones socializantes, de economía estatalizada, con las, parece que inevitables, degeneraciones dictatoriales y de corrupción derivadas de todo ello. La evolución de las nuevas sociedades así como el derrumbe del llamado “socialismo real”, dieron lugar a la aparición de un cierto multipartidismo, a una economía mixta, a la penetración de las multinacionales en su economía, con evidentes diferencias entre ellos ocasionadas por la diversa realidad tanto de los procesos anticoloniales como de sus riquezas naturales. Mientras los contenidos de las actuales revueltas populares y los procedimientos de convocatoria son muy similares, conviene no olvidar que han dado lugar a realidades políticas y sociales bastantes diversas.

Entre los aspectos comunes a todos estos países deben considerarse también los procesos huelguísticos en los últimos años, en general sin continuidad y sin dar lugar en la mayoría de ocasiones a una estructura sindical que los coordine y sin que se traduzcan en avances consolidados en las condiciones de vida para la clase trabajadora.

Cuando las estructuras sindicales tuvieron su origen en una etapa anterior a la lucha anticolonial, como de forma más destacada sucedió en Túnez y Argelia, el sindicalismo jugó un papel muy importante en la organización social y en la movilización popular por las libertades nacionales, dando lugar a su estrecha ligazón con las fuerzas políticas que la dirigieron. En los nuevos Estados que surgieron la estructura política de partido único estuvo acompañada de sindicato único, tanto cuando el proceso tuvo su eje en la movilización popular, como en Argelia y Túnez, como allí donde el protagonista principal fue el ejército, como en Egipto y Libia.

Las diferencias en los procesos de independencia y en la posterior evolución política y social dieron lugar a papeles distintos del sindicalismo en los diversos países, con muchas limitaciones en todos ellos al ejercicio de una efectiva libertad sindical a través de legislaciones que limitaban de hecho la capacidad de organización y negociación sindicales. Los rasgos comunes y diferenciadores de los procesos de descolonización y su posterior evolución se han traducido en papeles también distintos del sindicalismo organizado en los actuales procesos revolucionarios. Comenzaré por ello con algunas pinceladas sobre los sindicalismos del Norte de África después de su independencia, como referencia para pasar luego a considerar la actual problemática sindical de esos países en esta etapa de transición. 

 

Sobre el sindicalismo tunecino

Túnez ha sido sin duda el país donde el sindicalismo organizado, la UGTT, ha jugado un papel más activo en el actual proceso revolucionario y en algunos momentos se ha apuntado como esencial en la configuración de instrumentos de coordinación del mismo y de la negociación social.

Al mismo tiempo, la equívoca actuación de su dirección nacional en toda la etapa, también en los últimos días, del régimen de Ben Alí, o la designación de dirigentes sindicales como ministros de un primer gobierno esencialmente continuista del mismo, apuntaban en realidad las contradicciones de su propia actuación desde la independencia, con Bourguiba, y luego con Ben Alí. En esa etapa la UGTT fue sin duda un instrumento importante de la estructura de gobierno del país, estrechamente vinculada al partido de la independencia, aunque ya entonces protagonizó en diversos momentos importantes movilizaciones, con serios enfrentamientos con ese mismo gobierno, siendo probablemente el más duro el de 1978, con una gran huelga general, en la que se produjeron 500 muertos por la represión del régimen, terminando su dirección en la cárcel con Habib Hachour su Secretariado General en cabeza, y que vuelve a la cárcel en 1983 tras haber encabezado la UGTT la “revuelta del pan”.

Pero más activas, más ligadas a los trabajadores, a la población, han estado las estructuras regionales de la UGTT en estos años, particularmente en el actual proceso en el que seguramente han sido las principales organizaciones en la revuelta popular, junto al partido del “Facebook”. La organización sindical de la capital fue determinante en la huelga general y la movilización que se desarrolló al grito de “fuera Ben Alí” y que contribuyó decisivamente a echar al dictador del país.

Está aún por ver ahora el papel que juega la UGTT en el proceso de transición hacia una democracia real, desde la específica acción sindical y también a través de su participación en los diversos órganos de coordinación política y popular, particularmente en el “Comité Nacional de Salvaguardia de la Revolución”.

El 1 de febrero se presentó públicamente una nueva confederación sindical, la CGTT, obligada de hecho a funcionar hasta ahora en un régimen de semiclandestinidad en forma de “fundación”, la Fundación Mohamed Ali. No es sin embargo la CGTT la primera expresión de pluralidad, puesto que el propio régimen de Ben Alí, para debilitar a la UGTT según nos explicaron en su día los dirigentes de ésta, fomentó, aunque con escaso éxito, la aparición de sindicatos sectoriales. Esta pluralidad sindical, inaugurada ahora en el ámbito confederal, plantea un nuevo desafío a la incidencia del sindicalismo en la vida del país 

 

Sobre el sindicalismo argelino

En Argelia la revolución y guerra de liberación nacional estableció una estrecha ligazón del sindicalismo con la política, plasmada en un sistema de partido, el FLN, y sindicato, la UGTA, únicos, una situación que se prolongó desde la independencia en 1962 hasta las modificaciones constitucionales de 1989, las que abrieron la puerta a un limitado en la práctica pluripartidismo y a un potencial pluralismo sindical. Este cambio constitucional pudo haber supuesto un proceso de democratización, pero quedó truncado por la irrupción del islamismo, primero en el ámbito electoral y luego en el terrorista, lo que dio lugar, o pretexto, al “Estado de Emergencia” vigente desde 1992 hasta aún hoy. Solamente con la ola democratizadora en el mundo árabe, y con importantes manifestaciones en diversas ciudades del país, se ha producido el anuncio de su pronta anulación.

Todavía en 2010, dirigentes sindicales de la UGTA nos decían que no pueden desarrollar con toda su amplitud su supuesta voluntad reivindicativa porque es necesario tener siempre presente la “defensa del país y la identidad revolucionaria”, y en este 2011 se han referido a las manifestaciones ya habidas como una “expresión marginal” de problemas que aceptan que son ciertos y graves.

En la situación sindical argelina tiene evidentemente un peso importante la particular estructura económica, el hecho de que la empresa pública (que agrupa del 30% de los trabajadores del país, y está esencialmente en el sector de los hidrocarburos) suponga el 50 % del PIB, con una tasa de afiliación a la UGTA superior al 60 %, presentando evidentes tics de sindicato único en sectores privilegiados. Pero incluso en esta empresa se da un muy escaso nivel de negociación colectiva, que empieza sólo después de la nueva Constitución de 1989, como lo manifiesta el hecho de que el convenio colectivo de Sonatrach (la empresa pública del gas y del petróleo) se negoció por primera vez en 1994, con sólo revisiones salariales desde entonces, y ha habido que esperar al 2010 para que se haya planteado su nueva negociación. En el sector privado, que ocupa ya al 70% de los trabajadores, la afiliación sindical a la UGTA es del orden del 5 al 10%.

2010 representó la aparición de nuevas señales de alarma para el sindicalismo tradicional argelino con la constitución de una “Confederación de Sindicatos Argelinos” agrupando a diversas entidades sectoriales que habían ido surgiendo al margen de las UGTA. Habrá que ver cómo inciden en la organización y en la acción sindical las reformas legislativas prometidas desde el aún autoritario poder político ante los brotes de protesta popular ya producidos y de la visión en sus proximidades de las barbas del vecino casi afeitadas. 

 

Sobre el sindicalismo marroquí

En Marruecos una movilización más débil por la independencia dio lugar al regreso del Sultán Mohamed V que convirtió el sultanato en reino, derivando éste hacia una dura dictadura con su hijo Hassan II y el general Ufkir. Ahora el actual rey Mohamed VI intenta mantenerse en el poder ante la ola democratizadora que recorre el mundo árabe alternando duras represiones de las movilizaciones populares unos días para tolerarlas otros. Y anunciando reformas que quieren presentarlas como resultantes de la iniciativa y magnanimidad del monarca, sin que se establezca con claridad cuál es el proceso hacia una efectiva democratización y sus contenidos.

El sindicalismo marroquí podría considerarse como el que goza de más libertades si esto fuera equivalente al número de sindicatos existentes. Porque se ha producido un proceso de creación de sindicatos desde la primera UMT, próxima inicialmente al partido que protagonizó lo esencial de la lucha por la independencia, el Istiqlal, pero luego se fue debilitando a la vez que éste y, entre escisiones y nuevas iniciativas, dio lugar a un pluralismo con diversos sindicatos (UMT, CDT, UGTM, UNTM, FDT, ODT, y otros) de escasa presencia en la empresa privada y con escasa acción sindical en la empresa pública. El nivel de representatividad de los sindicatos marroquíes se mide formalmente por el número de representantes elegidos al Parlamento por el cupo corporativo sindical, de muy escasa significación en la práctica, pero que aún enmascara el escaso papel del sindicalismo en el país.

Una expresión de la debilidad del sindicalismo marroquí es la situación en la industria textil-confección, la más numerosa en mano de obra, la más significativa para las exportaciones, pero uno de los ámbitos en los que los sindicatos tiene menor implantación, la mayoría sin ni siquiera una federación sindical en el sector, sin convenio colectivo sectorial y sin convenios de empresa, lo que podría en parte explicarse, no justificarse, señalando el elevado porcentaje de economía informal en el sector. Pero ello debería servir no de excusa para un escasísimo trabajo sindical en el mismo, sino de referencia para impulsar un trabajo continuado en el mismo aportando cuadros sindicales y medios desde otros sectores. 

 

Sobre el sindicalismo egipcio

En 2007 desde la ETUF, el sindicato oficial y único, me invitaron a la constitución de la Federación sindical textil de la Confederación Internacional de Sindicatos Árabes (CISA) en El Cairo. Participé en la misma en representación de la Federación Sindical Europea (FSE:TVC) y me plantearon la posibilidad de abrir desde el sindicalismo europeo en general y el español en particular un proceso de formación de cuadros sobre la negociación colectiva. Me explicaron que hasta entonces la regulación de las condiciones de trabajo pasaba por la directa influencia sindical en el Boletín Oficial del Estado, expresión de la integración del sindicalismo en la estructura política de la dictadura, lo que se manifestaba también en el hecho de que la dirección del sindicato era muchas veces la antesala de más interesantes responsabilidades ministeriales. Lo cierto es que nunca más se supo del supuesto interés en la formación sindical y cuando invitamos a sindicalistas de Egipto a las reuniones sindicales del textil del Mediterráneo, organizadas por FITEQA-CC.OO., no acudió ningún representante del sindicalismo oficial y sí de una entidad de vocación sindical pero que para subsistir tenía que simular ser solamente un centro de asesoramiento y ayuda a sindicalistas. Me refiero al CTUWS (Centro de Servicios para Trabajadores y Sindicatos), que, a pesar de su prudencia formal, no ha podido evitar múltiples detenciones en los últimos años.

Ahora la revuelta contra Mubarak ha arrastrado al sindicato oficial, la ETUF, que se limitó a denunciar las movilizaciones populares como conspiraciones del extranjero, y va tomando cuerpo un proceso de organización sindical completamente al margen del sindicato afín al dictador.

El 31 de enero se constituyó una nueva “Federación de Sindicatos Independientes de Egipto” (EFITU), con el activo apoyo de CTUWS, a la que parece que se van adhiriendo organizaciones sindicales que se están constituyendo al calor de la actual movilización social y que ya ha convocado su primer Congreso para junio de este año. 

 

El nuevo sindicalismo árabe en la actual coyuntura política

Aunque las características no son idénticas entre los diversos países, creo que al sindicalismo de éstos se le plantean problemas similares derivados de la transición política hacia un régimen de libertades políticas, de ejercicio de la democracia. Evidentemente esta transición es distinta a la nuestra, pero creo que nuestra experiencia de transición democrática nos ayuda a entender el fenómeno y a opinar sobre el mismo. En todo caso esto es lo que voy a intentar ahora, estimulado además por la previsión de participar en un próximo futuro en un encuentro sindical en Túnez sobre esta cuestión, respondiendo a la petición de la UGTT tunecina a los sindicatos españoles.

Creo que los dos problemas esenciales del sindicalismo en la transición política hacia el ejercicio de las libertades democráticas son su unidad y su relación con las organizaciones políticas, particularmente con las que proclaman su asunción de los intereses de la clase trabajadora. Dos cuestiones distintas, aunque con evidente y estrecha interrelación, más quizás en esta etapa de transición.

Se trata además de cuestiones que, como teoría y práctica del sindicalismo, no son nuevas en los países árabes. En las tres ocasiones que he visitado Argelia, éstas han sido preocupaciones presentes en las discusiones tanto en colectivos sindicales de Sonatrach como en seminarios con dirigentes sindicales argelinos, habiendo detectado actitudes y respuestas diversas.

No se trata solamente de interesantes cuestiones teóricas, sino de problemas de acuciante actualidad como, entre otras, en relación con la posible participación sindical en los órganos políticos de transición.

Plantear la unidad sindical de la clase trabajadora es fácil y estimula además la conciencia de los intereses comunes como colectivo. Pero, salvo cuando en un país se ha dado un abierto y muy democrático proceso de construcción sindical desde los centros de trabajo, cuya posibilidad discutíamos nosotros en la agonía del franquismo, la existencia de un sindicalismo oficial, único, impuesto desde el poder, provoca como prioritaria la exigencia de libertad de organización, de libertad sindical, eliminando las limitaciones legales que directa o indirectamente pudieran existir o que hubiera tentaciones de establecer. Y ello conduce fácilmente a la pluralidad organizativa.

Lo cierto es que en estos momentos existen en el mundo numerosas formas de limitar la libertad sindical. La primera es la que por vía legislativa impone de una u otra forma el control o tutela de cualquier forma de organización sindical en los centros de trabajo por parte de la organización única (“Sindicato”) ligada a un poder dictatorial, como son los casos de China, Cuba, Vietnam, como era en Egipto, y como sigue siendo en muchos de los países árabes, como Siria, Jordania, Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Yemen, Emiratos Árabes. O en Arabia Saudí, donde simplemente no existen legalmente los sindicatos por expresa prohibición de su legislación.

Otras fórmulas limitativas de la libertad sindical son las que exigen un número o porcentaje mínimo de trabajadores afiliados en la empresa para reconocer al sindicato en ésta (como en numerosos países de Latinoamérica, o en Turquía), o las que otorgan monopolios de ámbito territorial en función de procesos de registro administrativo (como en Argentina, o en Brasil, donde Lula fracasó en sus diversos intentos de modificar la legislación brasileña para facilitar un pleno ejercicio de la libertad sindical y eliminar privilegios a organizaciones con muy escasa representatividad).

En este contexto se entenderá que la liberación de las ataduras dictatoriales en Túnez y Egipto, aún en la incertidumbre o vacío constitucional de esta etapa, haya provocado la aparición de múltiples formas de organización sindical de incierta estructuración en torno a uno o varios centros confederales. El sentimiento unitario de la clase trabajadora, arraigado a través de tantas experiencias en la historia del sindicalismo, puede sin duda jugar un importante y positivo papel, pero es probable que en muy pocos casos se mantenga la unidad orgánica en un régimen de libertades. El supuesto con más posibilidades sería el de Túnez por el papel que ha jugado la UGTT en la revuelta popular, pero incluso en este caso se ha producido la aparición de la CGTT, y la propia UGTT tendrá que resolver su futuro inmediato en un Congreso previsto para este año y en el que se auguran fuertes tensiones sobre las que se proyectarán los equívocos del largo periodo de dictadura de Ben Ali, así como las probables opciones políticas diversas de sus dirigentes, o la dificultad por inaugurar un periodo de libertades con un régimen de incompatibilidades entre los ámbitos sindical, político e institucional.

Con una pluralidad sindical resultado de la conquistada libertad sindical es probable que lo único posible sea la unidad de acción construida en torno a objetivos inmediatos de la clase trabajadora, en torno a la elaboración de plataformas reivindicativas a todos los niveles. Por propia experiencia sabemos que esto no es fácil y en nuestro caso ello ha sido sólo posible cuando nuestros dos grandes sindicatos, CC.OO. y UGT, han roto en lo esencial sus dependencias de los partidos que los tutelaban, PCE e IU en un caso y PSOE en el otro. Porque tanto la unidad orgánica como la unidad de acción exigen de una u otra forma un alto grado de independencia sindical con respecto a las organizaciones políticas y al gobierno, casi siempre proclamada y pocas veces efectiva.

Con unidad o pluralidad organizativa se plantea al sindicalismo un problema más amplio: como convertir el movimiento social en colectivo organizado, con representación y capacidad de interlocución. Para los sindicalismos en el mundo árabe es un problema abiertamente planteado pero sin una clara solución aún. Más difícil puede resultar si el sindicalismo está implicado en las estructuras de transición política, como en Túnez.

Para construir y consolidar la unidad y autonomía del movimiento sindical se plantean en una etapa de transición, en un marco de la explosión de libertad, otros importantes problemas, en primer lugar el gobierno de las propias reivindicaciones, su formulación, su negociación y acuerdo. Si difícil es para nosotros formular una plataforma reivindicativa que no sea una simple suma de peticiones sino un conjunto coherente de objetivos articulados entre sí, en defensa de intereses y derechos colectivos como tutela de los individuales, es fácil imaginar lo que puede suceder en una situación en la que los trabajadores han estado privados de la posibilidad de formular sus legítimas reivindicaciones durante un largo periodo en el cual las condiciones de vida han sido durísimas y la corrupción elevada y visible. Un dato a tener en cuenta es que a pesar de las importantes riquezas naturales, de fuentes de energía en particular, de algunos de esos países, los niveles de miseria son elevados. Los Salarios Mínimos fijados por ley eran en 2010 de 200 € mensuales en Marruecos, de 170 en Túnez, de 150 en Argelia, de 75 en Libia y de 48 en Egipto, con el agravante de que esas cifras, debido al elevado porcentaje de economía informal -sumergida-, no suponían ni siquiera una garantía para muchos trabajadores.

Algunas formulaciones de los sindicalistas tunecinos y egipcios parecen indicar que se asume esta problemática. Quiero subrayar al respecto que no se trata tanto de “moderar” las reivindicaciones como de tener conciencia del momento, de las fuerzas presentes, de la realidad económica del país en conjunto y de cada sector y empresa en particular, para establecer las exigencias inmediatas y a corto plazo, para abordar los aspectos cualitativos y cuantitativos de las exigencias, sin caer en fáciles simplificaciones sobre “lo que nos deben “, “a lo que tenemos derecho”, “no somos nosotros los culpables”, … o por el contrario en las igualmente negativas de “por el bien de la patria” o similares. Se tratará sin duda de desarrollar una cultura de negociación-movilización del nuevo sindicalismo en estos países.

Cuando en estos países se estaba produciendo un crecimiento efectivo, con unas previsiones para este año y el próximo de un crecimiento del PIB del orden del 5 al 6%, las movilizaciones populares que terminaron con Ben Alí y Mubarak significaron un parón en la actividad del país. Y las huelgas que se han producido antes y después de su expulsión del poder suponen otro evidente coste. En Túnez calculan que todo ello puede representar en torno al 4% del PIB, cifra no despreciable. Pero el impulso colectivo que supone la conquista de la libertad, así como el abierto combate contra la corrupción, son estímulos que han de repercutir en un nuevo impulso en todos los órdenes de la vida colectiva. Es un reto evidente al proceso revolucionario. A ello deberán contribuir también los planes de apoyo de la Unión Europea y otros.

En este proceso de movilización y negociación, de construcción del futuro, habrá que contar con las también necesarias nuevas organizaciones empresariales. Porque no es casual la escasa organicidad patronal en estos países. Hasta ahora, para los empresarios todo podía reducirse a su relación con el poder. Tanto para acallar las exigencias de los trabajadores como para pagar sus impuestos a la corrupción, a las mafias del poder, de las que formaba parte un importante sector empresarial, empezando por la familia del dictador. El libre juego de las tensiones sociales, la correspondiente negociación, estaban lejos de la cultura empresarial, la de unos empresarios acostumbrados a utilizar el poder político autoritario y policial para imponerse, o para negociar con el movimiento sindical a través de instrumentos interpuestos (los sindicatos oficiales, instrumentos del poder político). Por propia experiencia también sabemos que no siempre los empresarios y las organizaciones patronales realizan este aprendizaje a la velocidad que sería necesario. De hecho el movimiento sindical es un importante factor para “educarles”, para “formarles” a través de la exigencia de que asuman sus específicas responsabilidades en un marco de libertades.

Estas dificultades para organizar el diálogo social, para que éste conduzca a los necesarios acuerdos para resolver los contenciosos, pueden acentuarse si no existen instrumentos de diálogo político, instrumentos para canalizar las exigencias de libertad en todos los órdenes de la vida social. Junto a la organización del movimiento sindical, a la ordenación de la negociación colectiva, habrá que superar, no sé si antes o después, probablemente al mismo tiempo, la situación que en algún momento se ha caracterizado por el hecho de que el principal partido político sea “Facebook”. Ello puede exigir del movimiento sindical que aporte propuestas y cuadros a las organizaciones políticas, a las instituciones representativas, a las administraciones públicas, en un momento en el que también los precisa. La esperanza en estos temas es sin embargo que la tensión política y social de esta etapa es capaz de generar dirigentes, lideres, a una velocidad mayor que en otras.

En estos procesos de organización del movimiento social, de creación de estructuras democráticas, de negociación de reivindicaciones pendientes, habrá que tener presente que para el buen resultado de una negociación no sólo es necesario el acierto de los negociadores en el contenido del punto de acuerdo, sino que resulta esencial su representatividad, su autoridad, la relación de confianza entre ellos y el colectivo que representan. Ganarse esta autoridad y confianza construyendo canales de comunicación, es uno de los retos de los nuevos dirigentes que surgen en todo proceso de transición, de irrupción de nuevos colectivos en la acción social.

En esta situación, en esas transiciones, con el relevante papel que corresponde al sindicalismo organizado, como en todas las coyunturas excepcionales, debe plantearse la significación de los grandes pactos sociales, unos acuerdos que susciten un amplio consenso y que establezcan garantías y límites para las reivindicaciones sociales (salariales en primer lugar), así como las contrapartidas a corto y medio plazo a tales limitaciones asumidas. Es en estos acuerdos que deberán integrarse los derechos de intervención sindical y los avances graduales en las condiciones de vida, contrapartidas serias y creíbles a las limitaciones asumidas conscientemente por el movimiento social.

En estas tensiones, conquistas y renuncias, vividas por el sindicalismo como agente político defensor de las libertades y que asume responsabilidades en la transición, y su necesaria autonomía para defender también en ésta intereses de parte (de una parte muy importante ciertamente como es el colectivo de la clase trabajadora, pero que no es el todo, que no representa ni debe pretender representar al conjunto de la ciudadanía), podría resultar útil recordar la elaboración al respecto de Lenin, en su polémica con Trotski, sobre las inevitables y necesarias contradicciones entre el movimiento sindical y el estado hegemonizado por los partidos obreros (es decir la posiciones leninistas olvidadas por los estalinistas que se convirtieron al trotskismo en este tema). Seguramente la necesaria síntesis entre estos elementos contradictorios se encuentra en la necesidad de alcanzar el pacto social desde la autonomía del movimiento sindical, sin miedo a procesos de tensión social que vayan configurando el necesario avance en más libertad y mejores condiciones de vida, asumiendo también sacrificios y concesiones.

El resurgimiento del sindicalismo en el mundo árabe, jugando un papel importante en la conquista de libertades, en la organización de los trabajadores, en el avance en conquistas en las condiciones de trabajo y de vida, supone al mismo tiempo una importante contribución al sindicalismo mundial. Así lo ha entendido la CSI (Confederación Sindical Internacional) que ha estado presente con apoyo directo, con reuniones de coordinación al calor de los acontecimientos, con iniciativas organizativas en la región.

Curiosamente, o quizás sea menos sorprendente, la CISA (Confederación Internacional de Sindicatos Árabes) no ha aparecido en este proceso, salvo quizás por la actuación de uno de sus afiliados importantes, la ETUF egipcia (el sindicato de Mubarak), que denunció las “intolerables maniobras y conspiraciones extranjeras” que según ellos protagonizaban los cientos de miles de egipcios que se concentraban a diario en la plaza de la Libertad y otros tantos en huelgas en sus centros de trabajo. Lo cierto es que la clase trabajadora egipcia le ha dado ya la merecida respuesta. Sin embargo no es ocioso señalar esta significativa actuación de la CISA, precisamente después de que su reciente Congreso en Sudán hubiera reforzado su posición pro FSM y la hegemonía de los agentes de Gadafi en sus estructuras. Ello ayuda también a entender que Fidel Castro, Hugo Chávez y Daniel Ortega hayan aparecido como los únicos dirigentes políticos apoyando abiertamente a Gadafi.

La revolución democrática árabe, aunque no se extienda de inmediato a todos los países de la región, es también una muestra más de las potencialidades de la historia de la humanidad, nos permite ser optimistas. Por ello con el sindicalismo árabe, ante su indudable contribución al avance en la construcción del sindicalismo global, corresponde desarrollar todas las formas de solidaridad, toda la aportación de experiencias del sindicalismo mundial, desde el más exquisito respeto a su autonomía, convencidos de que sus victorias serán victorias de todos.



Isidor Boix.
Director del Observatorio “Sindicalismo en la Globalización” de la Fundación 1º Mayo de CC.OO.

Secretario de Acción Sindical Internacional de FITEQA-CC.OO.

Miembro de las Comisiones Ejecutivas de las Federaciones Sindicales Europeas e Internacionales EMCEF, FSE:TVC, ICEM y FITTVC.

COMRàdio
Entrevista a Isidor Boix sobre este artículo



RSS Feed RSS Comentar Comentar Imprimir Imprimir enviar Estadisticas Valoración


Documentos relacionados

Noticias

Otros artículos del autor

China 2008: una aproximación sindical (III)

Cuba 2009: una aproximación sindical (II)

China 2010: Una aproximación sindical (IV)

Los sindicatos árabes ante el cambio

Vietnam 2010: Una aproximación sindical

El debate sobre la moderación salarial

Perú 2010: Una aproximación sindical

Conversando sobre sindicalismo global

China 2007: una aproximación sindical (II)

El sindicato como organización de la solidaridad

China 2006: una aproximación sindical (I)

Gracias, Miguel

Cuba 2008: una aproximación sindical (I)

Construyendo el sindicalismo global

Comentarios

Nadie ha comentado.

Añadir comentario

[para poder introducir comentarios es necesario registrarse]

Email:
Contraseña:
[recuperar contraseña]
Buscador

Carles Navales

¿PSC o PSOE?

"que la conclusión no sea comer en la mesa de al lado" [leer]

Los más leídos

Temas

Circo, Music-hall y Cabaré

El arte flamenco

El Estado de bienestar

El sindicalismo, el trabajo y la economía

España: La memoria democrática

Jóvenes Valores

La Catalunya política

La Economía Social de Mercado

La Era de la Ecología

La Europa de los ciudadanos

La inmigración

La reflexión cultural

Paz o violencia

Tiempo libre infantil y juvenil

Un mundo solidario

Suscríbete
La Factoría · La Rectoría - 17144 Colomers · tu.revista@revistalafactoria.eu