Inmigración: discriminación positiva01-10-2008
"una buena política para favorecer la convivencia y evitar encontronazos; una buena decisión" Las ciudades y los pueblos con un mayor porcentaje de inmigración tienen más necesidades que el resto, y, por lo tanto, es necesario aplicarles una "discriminación positiva" dotándoles de más recursos económicos para que los autóctonos no vean menguada su calidad de vida y los recién llegados se integren mejor. Esta es la tesis que defendió el pasado lunes en la ciudad de Salt (Girona) el ministro español de Trabajo e Inmigración, el socialista Celestino Corbacho.
Corbacho recordó que Salt supera el 35% de población inmigrada, y esto hace que "desde el punto de vista económico, tenga una mayor presión sobre los servicios públicos". Además, reconoció que debe ser su Ayuntamiento, como administración más próxima al ciudadano, quien debe hacer el mayor esfuerzo para integrar a la inmigración y garantizar la cohesión social, por lo que necesita más recursos para conseguirlo.
"Comprendo que las ciudades con un porcentaje de inmigración por encima de la media no pueden recibir el mismo tratamiento económico que el resto". Y añadió que "no hay manera de limitar que una ciudad, por la razón que sea, acabe convirtiéndose en punto de referencia de la inmigración, porque depende de la libre circulación". La alcaldesa de Salt, la socialista Iolanda Pineda, dijo a la prensa que la medida propuesta por Corbacho "es de sentido común".
Como ya expuse en mi artículo "Matadero Girona: buen acuerdo", en las políticas que buscan la cohesión social hay dos grandes tendencias. Una, es la que considera que de los recursos públicos han de beneficiarse únicamente los más necesitados. La otra, sostiene que deben beneficiarse todos los ciudadanos, pero, en mayor proporción, los más necesitados.
La primera siempre genera una reacción contraria por parte de quienes no se benefician, lo que lleva, más a la corta que a la larga, a que la minoría pobre sea rechazada por la mayoría relativamente bienestante, o sea, que quien acaba saliendo perjudicado es el más necesitado.
Con la segunda tendencia, no hay conflicto, pues la mayoría constata que todos se benefician y nadie sale perjudicado, y entiende y acepta que, por razones de equidad, se beneficien más los que menos tienen; concepto, el de equidad, ampliamente compartido y que ha venido a relevar a la antigua idea de igualdad.
Esta segunda tendencia es la que se inscribe en el concepto de "discriminación positiva", que defiende el ministro Corbacho. Una buena política para favorecer la convivencia y evitar encontronazos; una buena decisión.
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